En el juego de la seducción las cosas no son blanco y negro, sino toda una gama de grises, donde hay infinitas posibilidades. Por eso, nunca sabemos con 100% de certeza si le gustamos a alguien. No podemos preguntar, porque esa persona lo negaría y nosotros quedaríamos como unos tontos. Entonces, sólo queda jugar, insinuarse y calibrar la actitud del otro frente a nuestros avances.
Yo recuerdo a mi primer novio. Éramos tan solo unos adolescentes, compañeros del salón. Nos fuimos haciendo muy buenos amigos, estudiábamos juntos, compartíamos los recreos y las actividades extracurriculares. Nunca noté nada más que una bonita amistad. Pero el día en que me le insinué, las cosas cambiaron. Él me mostró su lado más vulnerable, me miraba con los ojos de amor, algo que nunca había hecho anteriormente. El chico estaba perdidamente enamorado de mí, sin embargo, como todo macho que se respeta, no había dado el paso hasta estar seguro de mis señales.
Ahora con J., las cosas son algo similares. Nosotros nos hemos hecho super buenos amigos, después de tanto tiempo de trabajar juntos en la asociación y en nuestras consultorías. Nos tratamos con confianza y complicidad, pasándola muy bien. Él se muestra amable conmigo, me carga el laptop, me abre la puerta, camina del lado de afuera de la acera, hasta me trajo un vaso de jugo que no le había pedido. También me ha llevado a dónde le he pedido, y hace caso de mis sugerencias. Todo esto son señales de que yo le agrado y él me estima.
No obstante, un día me percaté de que él me miraba el escote o las piernas, embobado. Creo que esto es normal para un hombre, babearse por los encantos de una mujer hermosa. En otras ocasiones, pareciera que yo no le importara, y me trata como a una más del grupo.
Hasta aquí, podemos decir que son señales de una bonita amistad. Pero por otro lado, he notado que cuando hemos salido a algún restaurante, él manosea con nerviosismo el salero y el pimentero que están sobre la mesa. ¿Por qué lo hace? ¿Es sólo ansiedad o es que yo lo pongo nervioso?
Lo último fue en la clausura del pasado congreso. Nos sentamos juntos durante la cena. Mi intención era bailar con J., esperando que él tomara la iniciativa. Sin embargo, cuando comenzó el baile, una colega saca a bailar a J., mientras que A. me sacó a bailar a mí. Bailé con A. hasta que se me trabó algo en la suela del zapato y fui a sentarme para arreglarlo. Entonces J. me pregunta si deseo un trago. Le digo que sí, y él se sale afuera del salón, al bar. En ese intervalo, vuelvo a bailar con A., mientras que J. regresa con los dos tragos y se sienta solo, en la mesa.
Otra colega va a rescatar a J. y lo invita a bailar. Yo bailé también con otros dos colegas más. Y nada que podíamos concordar para bailar juntos J. y yo.
Entonces, me senté a la mesa, y encontré el trago que J. me había traído. Era vodka con cranberry. J. se sienta al lado mío, y comentamos divertidos sobre los otros colegas que están bailando en ese momento.
Cambia la música, y comienza a tocar típico, algo de Samy y Sandra. J. se levanta, toma mi mano, y sin decir palabra, me lleva a la pista.
Bailamos. Separados. Él allá y yo acá. La música lo amerita, sobre todo cuando comienzan con las canciones de carnaval. Nos divertimos, nos reímos, él con su trago en la mano, lo ayudo a quitarse el saco, el cual pongo en una silla. Continuamos. Sudamos, porque en el salón no se sentía el aire acondicionado. Estábamos felices.
Comienzan a tocar regaetón. Una música caliente. Y así, poco a poco, vamos acercándonos. O más bien, él se me acercaba mucho, tanto que sentía su respiración en mi cara. Yo le acariciaba el abdomen con movimientos furtivos, algunas veces bajando hasta su correa; no me atreví a ir más abajo ni hacer gestos más sensuales: recuerden que estábamos en un evento de profesionales.
Y se alejaba un poco nuevamente. Jugamos a ese acercamiento-alejamiento, y me encantaba sentir su olor tan cerca, el calor de su pecho, y la perspectiva de que algo más estaba pasando, consciente o inconscientemente, entre nosotros.
Más adelante en la noche, yo bailé con otro colega, y J. igualmente con otra. Sin embargo, cuando estábamos en la pista, la señora tomó mi mano, y me haló hacia J., mientras que ella fue a bailar con mi parejo. Nuevamente J. y yo bailando, ahora en ritmo de merengue. Él me tomó por la cintura y me atrajo hacia sí, nuestros cuerpos sincronizados con la música, tan juntos que nos rozábamos. Yo cerré mis ojos, mientras dejaba que él me llevara.
Yo pensaba: ¿qué es esto? ¿Acaso significa algo que él se me acercara tanto? ¿O acaso es un coqueto que suele hacer esto con las mujeres hermosas como yo?
Me encantaría poder determinar si yo le gusto a J. Las señales no son concluyentes, pero algunas podrían indicar que sí. Debo aprender a leer más el lenguaje corporal de los hombres, para saber si yo le gusto a él. ¿Será que hay posibilidades de algo entre J. y yo? ¿Qué opinan ustedes?

